El café es una de las bebidas más consumidas del planeta y destaca por su extraordinaria riqueza en antioxidantes, superando incluso a muchos suplementos vitamínicos. Su composición incluye polifenoles, ácidos fenólicos, alcaloides y otros compuestos bioactivos que ejercen efectos protectores frente al daño oxidativo. Entre los componentes más relevantes se encuentran el ácido cafeico, los ácidos clorogénicos, los diterpenos, la trigonelina, el cafestol, las melanoidinas y diversos péptidos y polisacáridos. Aunque la cafeína es el compuesto más conocido, los estudios epidemiológicos indican que la mayoría de los beneficios del café no dependen exclusivamente de ella. Aun así, se le atribuye la capacidad de favorecer la conversión de grasa blanca en grasa marrón, un tipo de tejido metabólicamente más activo y cardiosaludable. Gracias a su acción antioxidante, antiinflamatoria y neutralizadora de radicales libres, el consumo habitual de café se asocia con una reducción del riesgo de múltiples enfermedades crónicas, entre ellas la enfermedad hepática (hígado graso, cirrosis, cáncer hepático), el Parkinson, las enfermedades cardiovasculares, la gota, ciertos trastornos mentales y diversos tipos de cáncer.
Además de su impacto en la prevención de enfermedades crónicas, el café ejerce efectos metabólicos significativos, especialmente en la diabetes mellitus. Sus mecanismos incluyen la disminución de la producción hepática de glucosa, la mejora en la captación de glucosa por los adipocitos y el aumento de la secreción de insulina. También se ha observado que sus compuestos antioxidantes contribuyen a regular la función mitocondrial, lo que podría retrasar procesos relacionados con el envejecimiento. En el ámbito gastrointestinal, el café actúa como modulador de la microbiota intestinal y ejerce efectos antiinflamatorios beneficiosos en enfermedades intestinales. El éster fenetílico del ácido cafeico posee propiedades antiagregantes plaquetarias, lo que lo convierte en un aliado potencial en la prevención de la enfermedad coronaria. Estudios preclínicos han mostrado incluso que algunos de sus compuestos pueden inhibir el crecimiento tumoral en cáncer colorrectal. Aunque un consumo excesivo de cafeína puede causar insomnio, palpitaciones o aumento transitorio de la presión arterial, la mayoría de las personas tolera bien hasta cuatro tazas diarias.
El café también ha demostrado beneficios en la salud cognitiva y en la longevidad. Estudios epidemiológicos señalan que los consumidores habituales presentan un menor riesgo de mortalidad por todas las causas. Su alto contenido en antioxidantes lo convierte en un alimento de interés para combatir la inflamación crónica, un factor clave en enfermedades no transmisibles como el cáncer. Los polifenoles del café ejercen efectos antiproliferativos, antimutagénicos y reguladores del ciclo celular, lo que podría explicar su papel protector frente a ciertos tumores. En el colon, estos compuestos mejoran la motilidad intestinal, reducen la secreción de ácidos biliares y favorecen una microbiota más saludable. En el estudio Australian Imaging, Biomarkers, and Lifestyle, con un seguimiento superior a diez años, se observó que quienes consumían más café presentaban un deterioro cognitivo más lento y menor acumulación de beta-amiloide, lo que sugiere un efecto protector frente a la enfermedad de Alzheimer. En conjunto, la evidencia científica actual respalda que el café, consumido con moderación, es una bebida con múltiples beneficios para la salud humana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario